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VOLCANO
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Entender la innovación · Parte IV · Organización, impacto y medida

14 · Innovación e impacto

13 min de lectura

En síntesis

  1. El impacto social y ambiental de un problema no es un adorno moral del proyecto que lo afronta: es una propiedad económica, porque los problemas que importan a la sociedad atraen financiación pública, demanda regulatoria y talento, es decir, tres recursos que reducen el riesgo privado.
  2. La innovación orientada a misiones organiza esta propiedad a escala de sistema: objetivos ambiciosos, medibles y con plazo, en torno a los cuales lo público y lo privado coordinan inversiones que ninguno de los dos haría por sí solo.
  3. La restricción ambiental funciona a menudo como restricción generativa: circularidad, eficiencia y límites normativos, tomados en serio en fase de diseño, producen soluciones mejores también en dimensiones no ambientales. La evidencia sobre la hipótesis de Porter es mixta, pero el mecanismo está documentado en casos relevantes.
  4. El impacto se mide como se mide todo lo demás: con una cadena causal explícita (teoría del cambio), indicadores de resultado distintos de los indicadores de actividad, y la pregunta de la adicionalidad: ¿qué habría ocurrido de todos modos?
  5. Impacto y retorno pueden coincidir, divergir o entrar en conflicto, y la credibilidad de quien opera en el sector se juega en la declaración honesta de cuál de los tres casos se da, proyecto por proyecto.

Sección 1

El impacto como propiedad económica

El capítulo 09 ha establecido el fundamento: donde el rendimiento social de una actividad supera al privado, el mercado por sí solo la financia demasiado poco, y la intervención pública existe para colmar la brecha. Este capítulo extrae de ello la consecuencia especular, que se refiere a la selección de los problemas: a igualdad de otras condiciones, un problema cuya superación produce beneficios difusos (salud, medio ambiente, cohesión, seguridad) tiene acceso a recursos que un problema privado de igual dimensión comercial no tiene.

Los recursos son de tres especies. La financiación pública directa: subvenciones, préstamos bonificados, contratos y compra pública precomercial se concentran por mandato en los problemas de relevancia colectiva, y quien trabaja en esos problemas compite por capital que no diluye y absorbe riesgo (capítulo 09). La demanda regulatoria: cuando la sociedad decide que un problema debe resolverse, la decisión toma forma de normas, estándares, prohibiciones con plazo y obligaciones, que crean mercado para las soluciones conformes con una certeza que el mero mercado espontáneo no ofrece; la historia de las tecnologías ambientales es en gran parte historia de demanda creada por vía normativa. Y el talento: la investigación sobre la motivación (capítulo 13) documenta que el sentido del trabajo es un atractor potente, y los problemas con impacto reclutan y retienen a personas cualificadas en condiciones que los problemas indiferentes no obtienen.

La formulación correcta del principio evita dos errores simétricos. El impacto no es un sustituto de la validación: un problema socialmente importante debe superar los mismos criterios del capítulo 02 (frecuencia, coste, disposición a pagar de alguien, sea un cliente, un sistema sanitario o un obligado normativo), porque la importancia sin un mecanismo de pago no es un mercado. Y el impacto no es una decoración que añadir con el proyecto ya hecho: los tres recursos (fondos, demanda regulatoria, talento) se activan solo si el impacto es constitutivo del problema elegido, verificable y medido, que es precisamente la diferencia entre estrategia e impact washing (sección 4).

Sección 2

Las misiones: organizar el impacto a escala de sistema

El marco conceptual que ha devuelto esta lógica al centro de la política de innovación es el de las misiones, desarrollado por Mariana Mazzucato y adoptado, entre otros, por el programa marco europeo (las cinco misiones de Horizonte Europa, del cáncer a la neutralidad climática de las ciudades). Una misión, en la formulación canónica, es un objetivo ambicioso pero alcanzable, medible y con plazo, socialmente relevante, que requiere innovación de varios sectores y disciplinas y que ningún actor puede conseguir por sí solo: el programa Apolo es su arquetipo histórico (objetivo verificable, fecha, movilización intersectorial), y su legado tecnológico difuso ilustra el mecanismo por el que las misiones generan más valor que su objetivo declarado.

Para quien construye empresas, las misiones son relevantes como estructura de oportunidades: definen dónde se concentrará la financiación pública durante años, qué problemas verticales (capítulo 04: las tecnologías de propósito general aplicadas a los sectores) tendrán demanda organizada, y qué estándares e infraestructuras se construirán alrededor. Leer los documentos de misión y los planes de transición (climáticos, sanitarios, industriales) como mapas de la demanda futura es technology intelligence (capítulo 08) aplicada al lado público. La cautela simétrica: la literatura crítica sobre las misiones señala los riesgos de captura (objetivos escritos por los incumbentes), de selección política de los ganadores y de métricas suavizadas por el camino; para el operador privado la consecuencia práctica es anclar los proyectos al problema subyacente, que permanece, y no al instrumento de financiación concreto, que cambia.

Sección 3

La restricción generativa: sostenibilidad como especificación de diseño

Hay un modo débil y un modo fuerte de poner la sostenibilidad en un proyecto. El modo débil la trata como conformidad: se diseña como siempre y después se mitiga, certifica, compensa. El modo fuerte la trata como especificación de diseño: circularidad, eficiencia de materiales y energía, durabilidad y desmontabilidad entran entre los requisitos iniciales, y condicionan la generación de las soluciones. La tesis de este capítulo es que el modo fuerte es a menudo generativo: la restricción tomada en serio obliga a salir de las soluciones por defecto y produce innovaciones mejores también en dimensiones no ambientales (coste, peso, logística, mantenimiento), según el mecanismo general por el que las restricciones bien planteadas ayudan a la creatividad (capítulo 03: TRIZ está enteramente construida sobre la productividad de las contradicciones).

La versión académica de la tesis es la hipótesis de Porter (Porter y van der Linde, 1995): una regulación ambiental bien diseñada puede estimular innovaciones que compensan en todo o en parte los costes de conformidad. La honestidad obliga a decir que la evidencia empírica global es mixta: la versión débil (la regulación estimula innovación ambiental) está bien documentada, la versión fuerte (la compensación plena de los costes) vale en algunos contextos y no en otros, y depende mucho del diseño de la norma (objetivos de resultado que dejan libertad sobre los medios funcionan mejor que prescripciones sobre los medios). Pero el mecanismo existe, y el caso de la sección siguiente lo muestra a la escala de toda una empresa.

Caso de estudio: Ørsted. En 2008-2009 la danesa DONG Energy era una utility fundada en petróleo, gas y carbón, con alrededor del 85 por ciento de la producción procedente de fuentes fósiles. La dirección tomó la decisión estratégica de invertir la proporción, apostando por la eólica marina cuando la tecnología era todavía costosa y marginal: una apuesta por la curva de aprendizaje (capítulo 05) sostenida por los regímenes de apoyo público europeos, es decir, por la demanda creada por vía normativa de la sección 1. En la década siguiente la empresa, renombrada Ørsted, vendió las actividades petrolíferas, industrializó la eólica marina a escala (contribuyendo con su propia curva de volúmenes al desplome de los costes del sector) y completó la inversión declarada: la cuota renovable de la producción superó ampliamente el 90 por ciento, y la empresa se convirtió en el primer operador mundial de la eólica marina, con una creación de valor que la convirtió durante años en el caso de escuela de la transición lograda. La lectura con las herramientas del ensayo: un problema de alto impacto (descarbonizar la generación) con demanda regulatoria organizada, una apuesta de timing por la curva en S de una tecnología, la financiación pública reduciendo el riesgo de la fase a la que lo privado por sí solo no habría ido, y la restricción (salir de lo fósil) transformada en especificación estratégica generativa. La lectura honesta incluye también la continuación: en los años recientes la empresa ha atravesado dificultades relevantes (depreciaciones en proyectos estadounidenses, aumento de los costes y de los tipos), recordando que la alineación entre impacto y retorno no está garantizada de una vez por todas, sino que debe reconquistarse en cada ciclo, que es el tema de la sección final.

Sección 4

Medir el impacto sin contárselo a uno mismo

El impacto declarado y no medido es la moneda del impact washing; la medición seria tiene una gramática precisa, que comparte la disciplina de la evidencia de los capítulos 02 y 07.

La teoría del cambio. La cadena causal explícita que conecta las actividades del proyecto con los resultados intermedios y con el impacto final: qué hacemos, qué produce, a través de qué mecanismo, con qué supuestos en cada eslabón. Hacerla explícita sirve para dos cosas: identificar los eslabones débiles (los supuestos que validar, exactamente como en el capítulo 07) y elegir los indicadores correctos, es decir, los que miden los eslabones y no solo la actividad.

Resultado, no actividad. La distinción que separa la medición de la mera rendición de cuentas: los indicadores de actividad (proyectos iniciados, personas formadas, dispositivos instalados) miden el esfuerzo; los indicadores de resultado miden el cambio en el mundo (emisiones evitadas medidas, agua ahorrada, resultados sanitarios, renta generada). Un sistema de medida hecho solo de actividades es el gemelo del error de las métricas de vanidad que el capítulo 15 tratará: cuenta el movimiento, no el efecto.

La adicionalidad. La pregunta más incómoda y más necesaria: ¿qué habría ocurrido de todos modos, sin el proyecto? El impacto es la diferencia respecto a ese escenario, no el total observado, y las rendiciones de cuentas que se la ahorran atribuyen al proyecto méritos del curso natural de las cosas. La medición rigurosa del contrafactual tiene sus instrumentos (grupos de comparación, línea de base, en los casos más exigentes diseños experimentales) y sus costes: la proporcionalidad es legítima, la omisión no.

El perímetro. Para el impacto ambiental, la medida seria declara los límites: el ciclo de vida del producto (el análisis de ciclo de vida, LCA, como método de referencia) y no solo la fase de uso, porque el desplazamiento del impacto de una fase a otra (o de un indicador a otro) es el mecanismo típico del autoengaño. La versión mínima de la disciplina, al alcance también de un proyecto joven: pocos indicadores de resultado, definidos antes, con perímetro y método declarados, medidos con la misma seriedad que los ingresos, y con la diferencia respecto al "de todos modos" declarada como estimación cuando no puede ser medida.

La alineación, declarada con honestidad. Impacto y retorno están entre sí en una de tres relaciones, y la credibilidad se juega en declarar cuál. Coinciden cuando el mecanismo de pago incorpora el impacto (la eficiencia que reduce los costes del cliente, la solución que el marco normativo remunera): es la configuración que este ensayo privilegia, porque se autofinancia. Divergen cuando el impacto es real pero el pagador es distinto del beneficiario (mucha salud pública, mucha prevención): configuración legítima, que vive de financiación pública y filantrópica y debe declararse como tal, sin disfrazarla de mercado. Entran en conflicto cuando maximizar el retorno empeoraría el impacto o viceversa: la configuración que hay que reconocer pronto, porque los compromisos no declarados se resuelven en silencio, y por norma a expensas del impacto. La regla de higiene que cierra el capítulo: nunca usar el impacto para rebajar los estándares del análisis económico, ni la economía para inflar las declaraciones de impacto; las dos contabilidades se mantienen separadas y rigurosas, y se mira donde se tocan.

En el método Volcano

El capítulo es la teoría de la elección declarada del método: "solo problemas verificados y de alto impacto ecológico, social y financiero", con la doble motivación publicada que calca la sección 1: maximizar el rendimiento de cada recurso empleado (el mismo trabajo aplicado a un problema mayor devuelve más) y reducir el riesgo del capital privado, porque "un problema que importa a la sociedad se financia con dinero público a fondo perdido": el impacto como estrategia de financiación, declarado sin disimulos, con la explicitación de que los fondos llegan porque quien los concede tiene un interés propio en el desenlace ("no es un favor, es un objetivo compartido"), que es exactamente la alineación de la sección 4 en su configuración sana. Los sectores de la cartera (energía renovable y almacenamiento, movilidad sostenible, agritech, healthtech, economía circular, digital industrial) son los territorios de las misiones y de las transiciones de la sección 2, y la lógica de la restricción generativa de la sección 3 es coherente con el posicionamiento en soluciones verticales multidisciplinares: los requisitos ambientales son especificaciones que el núcleo técnico trata como trata las demás restricciones de diseño. La disciplina de medida de la sección 4 es el complemento que el método comparte en el espíritu (las cifras declaradas orientativas, la página de resultados dejada vacía hasta que no haya operaciones cerradas: capítulo 15) y que los proyectos individuales aplican en la forma proporcionada: indicadores de resultado definidos pronto, perímetro declarado, adicionalidad estimada con honestidad. Dentro de ese criterio, el método declara una prioridad: las soluciones que devuelven a personas, comunidades o países la seguridad hídrica, alimentaria y energética.

Lecturas

Para profundizar

  • M. Mazzucato, Mission Economy (2021): la formulación extensa del enfoque por misiones; para leer junto con las críticas (por ejemplo la reseña del debate en Research Policy) para un juicio propio.
  • M.E. Porter y C. van der Linde, "Toward a New Conception of the Environment-Competitiveness Relationship" (Journal of Economic Perspectives, 1995): la hipótesis de Porter en la fuente original.
  • Ellen MacArthur Foundation, los informes fundacionales sobre la economía circular (Towards the Circular Economy, 2012 y siguientes): el marco conceptual de la circularidad como diseño, con los casos industriales.
  • Sobre el caso Ørsted: los informes anuales y los documentos estratégicos publicados por la empresa a lo largo de la transición son la fuente primaria; para la síntesis externa, los casos de estudio publicados por las principales escuelas de negocios.

Preguntas frecuentes

Preguntas frecuentes

¿Elegir problemas de alto impacto no reduce los retornos esperados?

La premisa empírica es discutible: el impacto trae consigo tres recursos (fondos que no diluyen, demanda regulatoria, talento) que reducen el riesgo y la necesidad privada, y los mayores mercados en formación de esta época (energía, salud, materiales, agua) son problemas de alto impacto. El punto verdadero es otro: el impacto no exime de la validación. Un problema importante sin un mecanismo de pago no es un mercado, y la disciplina de los capítulos 02 y 07 se aplica idéntica.

¿Depender de fondos públicos y regulación no es un riesgo en sí?

Sí, y es un riesgo que hay que tratar como los demás: nombrado, medido, mitigado. Las mitigaciones conocidas: anclar el proyecto al problema (que permanece) y no al instrumento (que cambia); preferir las configuraciones en las que el apoyo público acelera una economía que se sostiene o se sostendrá por sí sola, frente a aquellas en las que la crea por entero; diversificar instrumentos y jurisdicciones; y leer las trayectorias normativas como se lee la tecnología, por dirección y no por disposición concreta. El caso Ørsted muestra las dos caras: la demanda regulatoria que hace posible la transición, y los ciclos adversos de los que ninguna alineación libra de tener que reconquistarla.

¿Cómo se distingue el impacto verdadero del impact washing?

Con cuatro preguntas verificables: ¿hay una cadena causal explícita de las actividades al cambio declarado? ¿Los indicadores miden resultados en el mundo o solo actividades de la organización? ¿La diferencia respecto a lo que habría ocurrido de todos modos está medida o al menos estimada y declarada? ¿El perímetro (ciclo de vida, límites del sistema) es explícito? El impact washing falla sistemáticamente las cuatro; y una señal rápida, antes incluso de las respuestas, es si quien declara el impacto acepta que lo midan terceros con método declarado.

¿Y si impacto y retorno entran en conflicto?

Ocurre, y la seriedad consiste en reconocerlo pronto y decidir explícitamente, porque los conflictos no declarados se resuelven solos y casi siempre a expensas del impacto. Las salidas honestas son tres: rediseñar el proyecto hasta que las dos contabilidades vuelvan a alinearse (a menudo posible: es la función generativa de la restricción); declarar la configuración divergente y buscar el capital coherente con ella (público, filantrópico, paciente); o renunciar al proyecto, que es la respuesta correcta cuando la alineación exigiría contarse lo que los números no dicen.

We choose to go to the Moon in this decade and do the other things, not because they are easy, but because they are hard.
John F. Kennedy, 1962
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