El nombre
Volcano no es un nombre que elegimos.
En italiano, a quien tiene ideas sin parar se le llama un vulcano. A Francesco Esposito lo han llamado así desde siempre, y cuando llegó el momento de poner nombre a todo esto no eligió el que más le gustaba: eligió el que ya usaban los demás para identificarlo.
Detrás de esa palabra hay una expresión con fuente clásica, cinco raíces y un movimiento que describe exactamente lo que hacemos: concentrar para poder repartir.
7 min de lectura
Las raíces
Cinco raíces para una sola palabra.
Un nombre que te dan es más difícil de discutir que uno que te pones, y este además resultó ser exacto. Pero conviene desarmarlo, porque debajo de esa palabra hay más de una cosa y no todas dicen lo mismo.
Empecemos por la expresión. La italiana tiene una fuente clásica, y es una de las más citadas de la ópera. En El barbero de Sevilla, Fígaro canta «un vulcano la mia mente incomincia a diventar», mi mente empieza a convertirse en un volcán, ante la posibilidad que se le abre delante. Lo que erupciona ahí no es la codicia: es el ingenio. Un hombre ve una oportunidad y su cabeza se pone a producir soluciones sin parar. La cita está más abajo, en el lugar donde le corresponde.
Y luego está el volcán geológico, que dice otra cosa y la dice mejor. Un volcán es el momento visible de fuerzas invisibles: competencia, capital y visión se acumulan en profundidad, bajo presión, hasta que emergen y transforman el paisaje, creando tierra donde antes solo había mar. El nombre tiene cinco raíces, y la quinta es la que describe lo que hacemos todos los días. Territorial: Canarias es tierra nacida de la actividad volcánica, literalmente emergida del mar. Operativa: como el magma, los recursos se acumulan pacientemente antes de erupcionar y crear valor donde no existía. Cognitiva: el pensamiento circula como el magma, subterráneo y sin forma; al emerger se solidifica en cosas concretas, y esas cosas se estratifican unas sobre otras hasta construir la isla. Simbólica: el volcán es, desde siempre, fuerza creadora.
Y una quinta, que es la que describe lo que hacemos todos los días. Un volcán no acumula: concentra para poder repartir. Las fuerzas confluyen en una sola cámara magmática y lo que sale por el cono se redistribuye todo alrededor. Es exactamente el movimiento de Volcano: siete formas de capital convergen sobre un proyecto, cada una de un titular distinto, y cuando la innovación funciona el valor vuelve a repartirse hacia los puntos de los que salió. Entra por siete caminos, sale por siete caminos. Está desarrollado en la teoría ampliada del capital.
El cambio de estado. Es la parte de la metáfora que más se parece a lo que pasa de verdad. Mientras está abajo, el pensamiento es fluido: no tiene forma, se mezcla con otro, cambia de dirección. Al salir se enfría, y al enfriarse toma forma. Lo que era una idea se convierte en algo que se puede tocar, vender y usar: una solución, un producto, una empresa. Y no queda suelto. Cada proyecto deposita su capa sobre la anterior, conocimiento sobre conocimiento, obra sobre obra, y una empresa crece exactamente así, por estratificación: no de una vez, sino capa a capa, como se construye una isla.
Y hay una última parte, que suele olvidarse porque llega después. Los suelos volcánicos son los más fértiles del planeta: lo que la erupción deja no es escombro, es la tierra en la que después crece todo lo demás. Lo que se ha solidificado aquí tampoco es solo producto. Es suelo: empleo cualificado, conocimiento que se queda en el territorio, otras empresas que nacen encima. La roca de hoy es el suelo de mañana, y de ahí salen a la vez el rendimiento y el impacto, que en este modelo no son dos cosas distintas. Los resultados, en clientes.
Las dos lecturas no compiten: se completan. La de Fígaro es la versión individual, una mente que se enciende. La geológica es la versión colectiva de lo mismo: muchas mentes y muchos activos que confluyen en una sola cámara.
El símbolo traduce esa misma idea. Las capas representan las sucesivas erupciones y fases de desarrollo: la misma construcción, estrato a estrato, de la raíz cognitiva. La esfera que las contiene tiene tres sentidos. Es el microcosmos de la creación: todo el proceso reunido en una sola forma. Es control, porque una esfera se puede sujetar, a diferencia de una erupción abierta. Y es la bola de cristal de la previsión, el objeto tradicional de quien mira hacia adelante.
¿Y por qué la coordinadora se llama UPLUS22CF?
Una razón de principio, y un guiño escondidoLa de principio: en una red de empresas independientes, la marca no debe pertenecer al nombre de ninguna sociedad. Separamos deliberadamente el nombre de la coordinadora del nombre Volcano, de modo que si una sociedad, la coordinadora incluida, dejara de respetar las políticas de la red, pueda salir de ella sin pretensión alguna sobre el nombre.
El guiño: en el estándar Unicode, el código U+22CF corresponde al carácter ⋏, el signo lógico de la conjunción, el «y» que une proposiciones independientes en una sola verdad. Míralo bien: es también un pico visto de perfil. La correlación entre Volcano y el nombre de la sociedad existe a dos niveles: la forma es la de la montaña, y el significado es el párrafo anterior, muchas partes independientes unidas en una sola cosa. Solo que está escondida.
La cita
El barbero de Sevilla
La imagen simbólica viene de Rossini. En el dúo inicial de El barbero de Sevilla, «All'idea di quel metallo», el Conde de Almaviva promete oro a Fígaro a cambio de su ayuda. Es a la vista y a la idea de ese oro cuando la mente de Fígaro se enciende, y canta:
«All'idea di quel metallo portentoso, onnipossente, un vulcano la mia mente incomincia a diventar.»Rossini, El barbero de Sevilla (1816)
«A la idea de ese metal portentoso y omnipotente, mi mente empieza a convertirse en un volcán.» La imagen es precisa, y conviene defenderla de una lectura fácil: lo que enciende a Fígaro no es la avaricia. La atracción por el valor está en el fondo de cualquiera: todo el mundo quiere perseverar, y la ganancia es sencillamente la seguridad de poder hacerlo. Lo que el oro desencadena en la ópera no es la codicia sino el ingenio: el capital no permanece inerte, y en una mente creativa provoca una erupción de ideas y de soluciones. (Escuchar el dúo →) Es la ecuación que Volcano activa de forma sistemática: donde el capital encuentra al ingenio, la mente se convierte en un volcán, y de esa erupción nacen las empresas. Fígaro es el factótum genial que, movido por la motivación justa, inventa y resuelve: el arquetipo de lo que nuestro motor hace a escala industrial. Con una diferencia de escala que es todo el negocio: el volcán de Fígaro es una sola mente encendiéndose, y el nuestro es la versión colectiva, muchas mentes y muchos activos confluyendo en una sola cámara. Por eso esta cita no es un adorno: es el origen documentable de la expresión italiana que acabó dando nombre a la empresa.
Y lo que hacemos con ese nombre
John F. Kennedy, 1962