El mapa del riesgo y del premio
El riesgo y el premio, en un mapa interactivo.
Ocho mandos, una curva con los datos reales del venture, y ninguna promesa: solo comprensión.
Las curvas de coste y de valor, fase a fase, están en valor y coste.
El mapa
Las variables reales del venture, en tus manos.
Este mapa existe por una razón: antes de pedirte un euro, queremos que veas el riesgo con tus propios ojos, y que veas también lo que el método hace con él. Los ocho mandos junto al gráfico son las variables reales del venture: el método, el tiempo, la imprevisibilidad, el mercado y el suelo. Muévelos y el mapa responde: dónde compite una startup, cuánto premio hay en juego y qué conservas si sale mal. Si prefieres el orden de la decisión antes que los mandos, empieza por las cuatro preguntas del riesgo.
Cada punto de esta curva es una startup, ordenadas de peor a mejor desenlace. La línea empieza en la pérdida total y cruza el cero en torno al 65%: la mayoría de las inversiones no recupera lo aportado. Solo se dispara en el último tramo. En torno al 10% de las operaciones supera ×5; un 4% supera ×10; y el 0,4% que supera ×50 aporta, por sí solo, alrededor de una quinta parte de todo el efectivo que devuelve la industria. Fíjate en la asimetría, porque es todo el juego: la pérdida está acotada en −1×; la ganancia no tiene ese techo. Y el tiempo forma parte del trato. El desenlace llega, típicamente, entre 5 y 10 años después de la primera financiación, y el dinero de los grandes múltiplos tiende a llegar en la parte final. Es la naturaleza del instrumento, no un defecto que alguien pueda quitarle.
¿Y qué decide la posición de una startup sobre la curva? Primero, el método. Hacia la izquierda empujan construir sin validar, financiar la investigación con capital propio y decidir por el entusiasmo de quien funda. Hacia la derecha empujan la validación externa de mercado y tecnología, el conocimiento previo, los fondos públicos y la red industrial: las seis palancas sobre las que trabaja Volcano, y la pirámide TRL con la que se sube. La curva es de la industria, no nuestra, y está así a propósito: el 65% que no recupera lo aportado es el dato del sector (Correlation Ventures, EE. UU.), no una estadística de las startups de Volcano. No la hemos redibujado porque todavía no tenemos un historial publicado con el que hacerlo, y una curva propia sin operaciones cerradas detrás sería una invención. Lo que el método cambia no es la curva: es dónde te sitúas sobre ella.
El método fija la región de la curva en la que compites. Lo que no fija es el punto exacto, y conviene decir con precisión de qué está hecha esa parte: no es mala suerte, es falta de información, y no del tipo que se compra con más análisis. En un sistema dinámico y complejo el resultado depende de estados que en el momento de decidir todavía no se han producido: qué hará un competidor que aún no ha decidido, qué regulará una administración que aún no ha deliberado. Ningún estudio alcanza un dato que no existe, y por eso ni el mejor método elimina la imprevisibilidad: la acota. Está desarrollado en cuánta información basta para decidir. En sus extremos vive lo excepcional: el imprevisto que hunde puede alcanzar a cualquiera, y solo el imprevisto extraordinario, sobre un método completo, toca la cola. Por eso la respuesta racional no es pretender predecirlo todo, sino diversificar.
Queda el tamaño del premio, y ahí mandan tres cosas. La primera es el mercado, que es el producto de dos factores independientes: cuánta gente tiene el problema y cuánto valor deja cada venta. Un mercado masivo con márgenes finos (una comisión sobre las transacciones bancarias) puede valer tanto como un nicho de márgenes altos (el automóvil de lujo). La segunda es el grado de innovación, que da la forma: una solución incremental hace más alcanzables los múltiplos modestos, pero acota el premio; una disruptiva concentra el valor en pocos ganadores. La tercera, por debajo de todo, es el suelo: la parte del coste cubierta a fondo perdido por los fondos públicos y el capital fiscal, valorada al margen con el que el trabajo certificado puede venderse a terceros si el proyecto no continúa. Esa es la aritmética del Método Volcano de reducción del riesgo: no cambia la curva del mercado; cambia dónde compites y cuánto conservas si sale mal.
Cómo leer el mapa. El eje vertical es el múltiplo sobre lo aportado, en escala logarítmica: ×1 significa recuperar lo invertido. La curva negra es la distribución real de los desenlaces. El punto naranja es una startup con tus ajustes. La línea discontinua es tu suelo, y el círculo gris marca dónde caería la misma startup sin la estructura. Cada mando tiene su i con el detalle.
La parte del coste que no está en riesgo: fondos públicos y capital fiscal.
Si no se continúa, el trabajo certificado se vende a terceros con margen.
Escala logarítmica: cada línea de la cuadrícula multiplica por igual, así la zona de pérdida tiene amplitud real y la cola cabe hasta ×50. El punto naranja no es un rendimiento prometido. Es dónde cae, en este mapa, un proyecto según el método que aplica y según la parte que nadie controla: la ejecución, y la información que en el momento de decidir todavía no existe. La cola no está prometida a nadie: el método no elimina la imprevisibilidad, la acota, y solo un imprevisto extraordinario, sobre un método completo, la toca. Es un mapa para razonar, no una predicción: la posición real la decide cada proyecto, y por eso existen la validación por escalones y la cualificación. La línea discontinua es tu suelo: la parte a fondo perdido, valorada al margen de rescate. Puede superar ×1 cuando la cobertura y el margen lo sostienen; como en este mapa ×1 es recuperar, un suelo de ×3 equivale a una ganancia neta de ×2. Es tu hipótesis, no una garantía: asume que el rescate encuentra comprador a ese margen. Cuando el desenlace del mercado cae por debajo, el punto se apoya en el suelo, y el círculo gris muestra dónde caería sin estructura.
Método Volcano de reducción del riesgo · concebido por Francesco Esposito, fundador de Volcano.
Fuentes: distribución de desenlaces de Correlation Ventures (~21.000 financiaciones en EE. UU.: 65% por debajo de ×1, ~10% sobre ×5, ~4% sobre ×10, 0,4% sobre ×50, con esa fracción aportando en torno a una quinta parte del efectivo devuelto); tiempos hasta el desenlace de PitchBook y WilmerHale (adquisiciones en torno a 6 años de media desde la primera financiación, salidas a bolsa más tarde). Los tramos exactos varían según la época y la muestra; la forma de la curva, no. Por eso la regla de oro es una sola: a la innovación se destina solo una parte del capital disponible: una porción minoritaria, que puedas permitirte inmovilizar durante años y, en el peor de los casos, perder. Muchos marcos de asesoramiento patrimonial sitúan los activos alternativos de alto riesgo por debajo del 10% del patrimonio financiero. Nada de esta página constituye asesoramiento financiero: es el mapa, no tu ruta.
Después del mapa
Los números, con tus datos.
El mapa te da la comprensión; los números te los dan las simulaciones: la del inversor fiscal y la del inversor privado. Y el precio de entrada, cuando la startup todavía no vende, lo razona la simulación de la valoración early stage. El contexto completo, con las fuentes y las dos maneras de entrar, está en invertir en innovación. Cuando quieras hablar, empieza aquí; y si prefieres hacerlo en persona, reserva una consultoría con quien concibió el método.
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John F. Kennedy, 1962