El protocolo
Las cuatro preguntas del riesgo: un protocolo para decidir.
Antes de invertir en innovación conviene hacerse cuatro preguntas, siempre las mismas y siempre en este orden. Esta página las desarrolla de forma casi matemática, y termina donde debe terminar un protocolo: en un criterio para decidir.
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Pregunta 01
¿Por qué asumir riesgo?
La primera respuesta es incómoda: porque el riesgo cero no existe. El dinero parado pierde poder adquisitivo con certeza: un euro quieto se convierte, en diez años, en ×0,74 de lo que era (índice de precios de la Federal Reserve Bank of Minneapolis, 1928-2025; el gráfico completo, en invertir en innovación). No eliges entre riesgo y no riesgo: eliges qué riesgo, el cierto y pequeño de la erosión o el incierto y estructurable de la inversión.
La segunda respuesta es estadística. El rendimiento compuesto por encima de la inflación vive, históricamente, en los activos de riesgo (series de A. Damodaran, NYU Stern, 1928-2025): por eso es difícil encontrar un patrimonio construido sin que alguien, en su origen, haya asumido riesgo. Condición necesaria, no suficiente: el riesgo ensancha la distribución de los resultados en ambas direcciones, y quien lo cuenta como un billete premiado solo está contando a los supervivientes. Que sea necesario y no baste es, exactamente, la razón de las otras tres preguntas.
El marco
Un desenlace no es un número: es una distribución.
Llama X al múltiplo que obtendrás sobre lo aportado. Antes del desenlace, X no es un número: es una variable con una distribución de resultados posibles, la curva que el venture conoce bien. Las tres preguntas que siguen son tres puntos de esa distribución: máx(X), lo mejor que puede pasar; moda(X), lo más probable; mín(X), lo peor. Un protocolo serio no pregunta «¿cuánto ganaré?», porque esa pregunta no tiene respuesta antes del desenlace: pregunta por la forma de la distribución, y decide sobre ella.
Pregunta 02
¿Qué es lo mejor que puede pasar? · máx(X)
El techo lo deciden tres factores, y se multiplican entre sí. El tamaño del premio es el producto de cuánta gente tiene el problema por cuánto valor deja cada venta: un mercado masivo de márgenes finos puede valer tanto como un nicho de márgenes altos. Y el grado de innovación da la forma: una solución incremental hace más alcanzables los múltiplos modestos pero acota el techo; una disruptiva concentra el valor en pocos ganadores, y es la que fabrica la cola de la curva. Por eso Volcano elige problemas grandes, en mercados en crecimiento, con soluciones disruptivas: no cambia lo probable, sube el techo.
Pregunta 03
¿Qué es lo más probable? · moda(X)
La respuesta honesta la da la industria: la mayoría de las inversiones en venture no recupera lo aportado (en torno al 65 %, Correlation Ventures). Es el dato con el que hay que decidir, no contra el que hay que discutir. Lo que un método serio puede hacer no es cambiar la curva: es cambiar dónde compites sobre ella. Las seis palancas de Volcano están construidas para desplazar esa posición: cada una desactiva una causa concreta de fracaso, fase por fase. Y lo que ninguna palanca elimina es la imprevisibilidad: información que todavía no existe, acotada pero nunca nula. Cuánta información hace falta para decidir, y por qué el 100 % no llega, está en su propia página.
Pregunta 04
¿Qué es lo peor que puede pasar? · mín(X)
Los gestores de riesgo la consideran la pregunta más importante, y el criterio que se deriva de ella es todo el protocolo: si puedes aceptar lo peor, puedes asumir el riesgo; si no puedes aceptarlo, ninguna esperanza de premio justifica entrar. Es una regla de mínimo, no de esperanza: no pregunta cuánto esperas ganar, pregunta dónde queda el fondo.
En la inversión directa, lo peor es la pérdida total: el mínimo vive en −100 %. La estructura de Volcano trabaja precisamente sobre ese punto: la parte del coste cubierta a fondo perdido (fondos públicos y capital fiscal) más el valor de rescate de la propiedad intelectual certificada dibujan un suelo, y la pérdida total solo se materializa si ese trabajo valiera, en el mercado, casi nada. Subir el mínimo no hace la inversión segura: la hace decidible.
Y un matiz que cambia la forma de la pregunta: lo peor no es un porcentaje, es una cifra absoluta. Tu umbral es una cantidad concreta de dinero, la pérdida máxima que puedes aceptar; y la pérdida máxima de una operación es el aporte multiplicado por la parte que el suelo no cubre. La consecuencia: si lo peor no te cabe, la respuesta no tiene por qué ser no. Puede ser un aporte menor. Con un suelo que cubre la mitad, quien acepta perder como máximo cien limita su aporte a doscientos, y entra. La puerta no juzga la operación: dimensiona tu entrada.
El corolario
La regla de la porción.
Del criterio se deriva una regla de dimensionamiento: lo peor debe ser aceptable no solo psicológicamente, sino aritméticamente. Por eso a la innovación se destina solo una parte del capital disponible (muchos marcos la sitúan por debajo del 10 %), y por eso se diversifica en cartera: la asimetría del venture, pérdida acotada y ganancia sin ese techo, trabaja a favor de quien reparte y en contra de quien concentra. La regla tiene incluso forma cerrada: aporte máximo = pérdida aceptable ÷ parte no cubierta por el suelo. El contexto completo, con las comparaciones y las fuentes, está en invertir en innovación.
Aviso. El contenido de esta página es informativo y no constituye asesoramiento fiscal, legal ni de inversión. Ninguna cifra es una promesa ni una garantía de rendimiento para ningún caso concreto. Los valores aplicables a cada caso se revisan y se discuten en la videollamada, tras la cualificación.
La quinta respuesta
La pregunta que solo tú puedes responder.
La puerta de la pregunta 04 dice si puedes entrar. Que quieras es otra decisión, y tiene su propio objeto matemático: tu curva de decisión, la frontera personal que relaciona el premio con su probabilidad. Para cada nivel de probabilidad hay un premio mínimo que te compensa: por encima de tu curva entras, por debajo no. Un decisor neutral al riesgo la tendría sencilla: premio × probabilidad = constante, el valor esperado. Casi nadie es así, y desde Bernoulli (1738) se sabe por qué: el valor marginal del dinero decrece, y la curva real se empina al caer la probabilidad, exigiendo premios más que proporcionales. Cuánto se empina es tu firma: no hay dos iguales, y ninguna es la correcta.
Dos honestidades. Para una venture concreta, premio y probabilidad no son observables: son estimaciones, acotadas por el método pero nunca exactas. Y la psicología experimental enseña que, delante del caso concreto y brillante, la gente traiciona su propia curva: sobrepondera las probabilidades minúsculas y las pérdidas recientes. Por eso la curva se fija antes de mirar la operación, con la cabeza fría: es el mismo principio de cuánta información basta, el método se elige antes que los datos. Esta página no calcula tu curva, ni debe: te da el concepto para que la dibujes tú. Los números de cada caso viven en las simulaciones.
Un último matiz, humano: muy por debajo del umbral, la apuesta pequeña tiene un valor propio. Es una forma de ponerse a prueba frente a la complejidad, con una condición que no admite excepciones: no se invierte en lo que no se entiende. Y entender no significa comprensión total, que no existe: el 100 % de la información no llega nunca. Entender significa poder hacer el cálculo intuitivo: componer lo que sabes, lo que falta y lo que arriesgas en un juicio, y decidir. Esa capacidad, calcular intuitivamente y decidir, es exactamente lo que distingue a quien hace empresa de quien no la hace. Por eso Volcano publica el cuadro informativo más completo que puede, y las heurísticas que sirven para evaluar: el mapa, las simulaciones, estas páginas. No para sustituir tu cálculo: para alimentarlo.
Tu curva de decisión: el premio que exiges por cada probabilidad.
Cuánto premio extra exiges a medida que cae la probabilidad. Es el coeficiente de Arrow y Pratt (1964): en 0 eres neutral y tu curva coincide con la discontinua; 1 es la utilidad logarítmica de Bernoulli; la mayoría de las estimaciones empíricas caen entre 1 y 4.
La fracción de tu patrimonio que pesa este aporte: la regla de la porción recomienda no superar el 10 %. Cuanto más pesa, más sube y se empina la curva, porque cada euro arriesgado duele más (Bernoulli); con aversión alta y peso pleno, en las probabilidades bajas ningún premio basta y la curva se sale del gráfico. En 0 % cualquier curva coincide con la neutral: lo que no pesa, no duele.
Estas curvas no son previsiones: nadie puede prever cómo decide un sujeto concreto, y la aversión medida cambia incluso dentro de la misma persona según el ámbito. Ilustran las dinámicas que subyacen a una elección, nada más: esta página no calcula tu curva ni te da un veredicto.
El protocolo, de la primera pregunta a la decisión.
La casilla de Volcano
Tres palancas, tres preguntas.
Cada instrumento del método trabaja sobre un punto distinto de la distribución. La primera pregunta, la del porqué, no la responde Volcano: la responde la historia.
Sube lo peor
Fondos públicos y capital fiscal cubren gran parte del coste de la investigación: el peor escenario deja de ser la pérdida total. Es el suelo que puedes mover en el mapa.
Desplaza lo probable
Las seis palancas no prometen el desenlace: fijan la región de la curva donde compites. El detalle, fase por fase, en cómo reducimos el riesgo.
Sube el techo
Problemas grandes, mercados en crecimiento, soluciones disruptivas: la cola de la curva se hace alcanzable. La elección está contada en por qué existimos.
Preguntas frecuentes
Lo que suele preguntarse aquí.
¿Este protocolo garantiza acertar?
No. Es un orden para decidir, no una promesa de resultado: el riesgo sigue siendo riesgo. Lo que cambia es que decides sobre la forma completa de la distribución, no sobre la esperanza del mejor caso.
¿Cuál de las cuatro preguntas pesa más?
La cuarta. Pero su respuesta no es solo sí o no: si lo peor no te cabe con ese aporte, reduce el aporte hasta que quepa; si ni el mínimo encaja, o no entiendes el activo, no entres. Por eso el protocolo termina en ella, en tu curva de decisión y en la regla de la porción.
¿Dónde veo estos números aplicados a mi caso?
En las dos simulaciones: la fiscal para quien aporta cuota, la privada para quien entra con nota convertible. Y el mapa del riesgo y del premio te deja mover las variables con tus propias manos.
«Los más valientes son quienes, conociendo con la mayor claridad lo placentero y lo terrible, no por ello rehúyen el peligro.»
La audacia no es la ausencia de cálculo: es el cálculo completado. Quien ha respondido a las cuatro preguntas puede permitirse ser audaz; quien no, solo está siendo irresponsable. La diferencia entre las dos cosas es, exactamente, este protocolo.