Entender la innovación · Parte I · Los fundamentos
01 · Por qué existe la innovación
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En síntesis
- Todo organismo sobrevive solo dentro de una franja estrecha de condiciones; cuando el entorno sale de esa franja, las salidas son dos: cambiar el cuerpo o cambiar el entorno. La evolución hace lo primero y tarda generaciones; la tecnología hace las dos cosas y actúa en años.
- Inventar no es innovar: la invención es la creación de algo nuevo, la innovación es su introducción lograda en la economía o en la sociedad. Un prototipo que se queda en el laboratorio no ha adaptado nada.
- La innovación tiene, por tanto, dos fases, ambas necesarias: hacerla existir (investigación y desarrollo) y hacerla llegar (producción, distribución, mercado).
- En una economía de mercado, la forma organizativa nacida para hacer las dos cosas a la vez se llama empresa: una estructura que reúne conocimiento, capital, trabajo y relaciones.
- Después de la innovación viene la imitación: la novedad se propaga, los márgenes del innovador se erosionan, y el ciclo vuelve a empezar. Este mecanismo, que Schumpeter llama destrucción creativa, es el motor del progreso económico.
Sección 1
El fundamento biológico: adaptarse a tiempo
Conviene partir de lejos, porque la definición económica de la innovación se vuelve más clara si se ve de qué necesidad nace.
Todo ser vivo es un sistema material que se mantiene con vida solo dentro de una franja estrecha de condiciones físicas: temperatura, presión, disponibilidad de agua, energía y nutrientes. Cuando el entorno sale de esa franja, las posibilidades son dos, y no hay una tercera: cambiar el propio cuerpo o cambiar el entorno. La biología conoce bien la primera vía: se llama evolución por selección natural, opera sobre la variabilidad genética de las poblaciones y requiere generaciones. Es un mecanismo potente pero lento, y no siempre llega a tiempo: el registro paleontológico documenta cinco extinciones masivas, episodios en los que el cambio ambiental superó la velocidad de adaptación de la mayoría de las especies.
La especie humana ha desarrollado una segunda vía: el conocimiento acumulable y transmisible, que se materializa en ciencia y tecnología. Esta vía hace las dos cosas que la evolución no puede hacer a la vez: modifica el cuerpo (gafas, vacunas, prótesis, fármacos) y modifica el entorno (viviendas, agricultura, redes hídricas, energía), y lo hace en años en lugar de en generaciones. Innovar, en esta perspectiva, significa fabricar a tiempo las adaptaciones que no podemos esperar de la evolución.
Esta lectura no es una metáfora decorativa: fija tres propiedades que reencontraremos a lo largo de todo el ensayo. Primera, la innovación responde a un problema de desajuste entre un sistema y su entorno; donde no hay problema, no hay demanda de adaptación (el capítulo 02 desarrollará esta consecuencia). Segunda, el tiempo es una variable constitutiva, no un detalle: una solución que llega tarde equivale a una solución que no llega. Tercera, la adaptación cuenta solo si alcanza a quien la necesita: una solución confinada en el laboratorio no ha adaptado a nadie.
Sección 2
La distinción fundacional: invención e innovación
La formalización económica de esta tercera propiedad se debe a Joseph Schumpeter, que en la Teoría del desarrollo económico (1934, edición original alemana de 1911) traza la distinción sobre la que se apoya toda la disciplina: la invención es la generación de una idea o de un artefacto técnico nuevo; la innovación es su primera introducción lograda en la economía. Los dos fenómenos están separados en los hechos, en las competencias que requieren y a menudo en las personas que los realizan. La historia de la tecnología está llena de invenciones que lo siguieron siendo durante décadas, y de innovadores que no inventaron nada: hicieron económicamente real la invención de otros.
Tres condiciones conjuntas definen la innovación: la novedad, la implementación y la creación de valor para un usuario. La definición estadística de referencia, la del Manual de Oslo de la OCDE (cuarta edición, 2018), las retoma con precisión operativa: una innovación es un producto o un proceso, nuevo o significativamente mejorado, que difiere de forma relevante de los anteriores y que se ha puesto a disposición de los usuarios potenciales o se ha puesto en uso. La parte que carga con el peso de la definición es la última: puesto a disposición, puesto en uso. Una patente nunca ejecutada, un prototipo nunca industrializado, un algoritmo nunca integrado en un servicio son invenciones, conocimiento, patrimonio potencial; no son innovaciones.
Aguas abajo de la innovación, Schumpeter sitúa el tercer término de la secuencia: la imitación. Cuando una innovación tiene éxito, otros operadores la copian, la adaptan, la mejoran; la novedad se difunde en el sistema económico y los beneficios del innovador original se erosionan progresivamente. La secuencia invención, innovación, imitación describe el mecanismo por el que el progreso técnico se propaga, y a la vez explica por qué la ventaja del innovador es temporal por construcción: el tema de quién consigue retener el valor, y con qué instrumentos, ocupará los capítulos 11 y 12.
Schumpeter añade dos aportaciones que vale la pena fijar desde ahora. La primera es la amplitud de la noción: las "nuevas combinaciones" no se refieren solo al producto. Sus cinco formas (un nuevo bien, un nuevo método de producción, un nuevo mercado, una nueva fuente de aprovisionamiento, una nueva organización de la industria) anticipan la taxonomía moderna, que distingue innovación de producto, de proceso, de mercado y de modelo de negocio. La segunda es el concepto de destrucción creativa, formulado en Capitalismo, socialismo y democracia (1942): la competencia que cuenta en el capitalismo no es la de precio entre empresas similares, sino la que trae el producto nuevo, la tecnología nueva, la forma organizativa nueva, que no comprime los márgenes de los operadores existentes: amenaza su existencia. La innovación crea valor también redistribuyéndolo, sustrayéndolo a estructuras que vuelve obsoletas. Para quien evalúa una nueva empresa, la consecuencia práctica es que el análisis competitivo debe estimar no solo el mercado por conquistar, sino la reacción de quien ese mercado lo ocupa.
Sección 3
Las dos fases: hacerla existir, hacerla llegar
Si la innovación existe solo cuando alcanza a un usuario, entonces el proceso que la produce tiene por fuerza dos fases, y ambas son necesarias.
La primera fase es hacerla existir: transformar un problema en un concepto, un concepto en un mecanismo verificado, un mecanismo en un producto que funciona. Es el territorio de la investigación y el desarrollo, y tiene una economía característica: costes anticipados, resultado incierto, plazos largos, resultados que son conocimiento antes que facturación.
La segunda fase es hacerla llegar: producir en serie, distribuir, comunicar, vender, dar asistencia. Es el territorio de la industrialización y del mercado, con una economía distinta: costes recurrentes, ingresos medibles, competencia directa, y un riesgo que ya no es tecnológico sino comercial.
Las dos fases requieren competencias, capitales y estructuras organizativas diferentes, y la historia industrial muestra que la excelencia en una no implica la excelencia en la otra. El caso de estudio al final del capítulo, la penicilina, es la ilustración más nítida: trece años separan el descubrimiento de la disponibilidad del fármaco, y esos trece años son exactamente la distancia entre las dos fases.
En una economía de mercado, la forma organizativa que existe para realizar las dos fases a la vez se llama empresa: una estructura que reúne bajo una coordinación única el conocimiento (las personas y la propiedad intelectual), el capital (quien financia las fases de resultado incierto), el trabajo (quien ejecuta) y las relaciones (proveedores, clientes, instituciones). Esta definición funcional de la empresa, como integrador de las dos fases de la innovación, es el hilo que conecta este capítulo con el resto del ensayo: gran parte de los capítulos que siguen analiza dónde se atasca esta integración (el riesgo, la financiación, la apropiación del valor, la organización) y qué métodos existen para hacerla funcionar. El capítulo 16 mostrará que el venture builder es precisamente una respuesta organizativa a los puntos en los que la integración fracasa con más frecuencia.
Sección 4
Caso de estudio: la penicilina, o los trece años entre invención e innovación
En septiembre de 1928 Alexander Fleming, en el St. Mary's Hospital de Londres, observa que un moho del género Penicillium contamina un cultivo de estafilococos e inhibe su crecimiento. Publica la observación en 1929, identifica la sustancia activa y la llama penicilina. Es una invención, más aún, un descubrimiento de primera magnitud; pero en 1929 no cura a nadie. La sustancia es inestable, dificilísima de aislar y de producir en cantidades apreciables, y durante más de una década sigue siendo una curiosidad de laboratorio.
La segunda fase empieza en 1939 en Oxford, donde Howard Florey y Ernst Chain retoman el trabajo, purifican el principio activo y en 1940-1941 demuestran la eficacia terapéutica, primero en animales y después en el ser humano. Pero el problema que decide el destino de la penicilina no es científico: es productivo. Los rendimientos de los procesos de laboratorio son minúsculos; para los primeros pacientes la penicilina se recupera incluso de la orina de los tratados, tan escasa es. El giro llega con el traslado del proyecto a Estados Unidos: el laboratorio del Departamento de Agricultura de Peoria, Illinois, desarrolla la fermentación en profundidad en grandes tanques e identifica cepas de Penicillium mucho más productivas; un programa coordinado por el gobierno estadounidense en tiempo de guerra implica a varias empresas farmacéuticas (entre ellas Pfizer, Merck y Squibb) en la producción a escala industrial. En 1943 la producción está todavía racionada en los frentes militares; en 1945, año en que Fleming, Florey y Chain reciben el Nobel, la penicilina está disponible para la población civil.
El caso condensa casi todos los temas del ensayo. La distancia entre las dos fases: trece años entre observación y disponibilidad, y la parte más costosa y organizativamente compleja no es el descubrimiento, sino la producción. La naturaleza sistémica de la segunda fase: hacen falta microbiología industrial, ingeniería de procesos, capital, coordinación pública y capacidad de fabricación de varias empresas a la vez. El papel de la financiación pública en las fases que el mercado por sí solo no cubre, tema que reencontraremos en el capítulo 09. Y el tiempo como variable constitutiva: cada año de retraso se mide en vidas no salvadas, que es la forma más concreta que puede tomar la afirmación con la que ha empezado el capítulo: una solución que no llega no adapta nada.
En el método Volcano
Este capítulo funda tres elecciones estructurales del método. La primera es la razón declarada de la actividad: Volcano describe la innovación como la fabricación a tiempo de las adaptaciones que la evolución no puede proporcionar (el ensayo "Por qué existe la tecnología" y los dos primeros puntos de la presentación institucional retoman exactamente el argumento de la sección 1). La segunda es la consecuencia organizativa de la distinción entre las dos fases: en el modelo Volcano la fase "hacerla existir" vive en el proyecto, contenedor lógico de la I+D que nace para concluir, y la fase "hacerla llegar" vive en la startup, contenedor jurídico que lleva el resultado al mercado y permanece; la separación no es un tecnicismo societario, sino la traducción en estructura de las dos economías distintas descritas en la sección 3. La tercera es la definición funcional de la empresa como integrador de conocimiento, capital, trabajo y relaciones: es la misma cuaterna que el método llama capital en sus distintas formas, y que la teoría del capital de las ocho puertas hace aportable por sujetos distintos.
Lecturas
Para profundizar
- J.A. Schumpeter, The Theory of Economic Development (1934): la fuente de la distinción invención-innovación y de las cinco formas de nueva combinación; bastan los capítulos 1 y 2.
- J.A. Schumpeter, Capitalism, Socialism and Democracy (1942), capítulo 7: las siete páginas sobre la destrucción creativa, entre las más citadas de la economía del siglo XX.
- OCDE/Eurostat, Oslo Manual 2018, capítulos 1-3: la definición estadística vigente de innovación, útil como referencia terminológica compartida.
- E. Lax, The Mold in Dr. Florey's Coat (2004): la reconstrucción histórica completa del caso de la penicilina, del descubrimiento a la producción industrial.
Preguntas frecuentes
Preguntas frecuentes
Si en la práctica invención e innovación se usan como sinónimos, ¿por qué insistir en la distinción?
Porque las dos actividades tienen riesgos, competencias y financiadores distintos, y confundirlas produce errores concretos: evaluar un proyecto de I+D con los criterios del mercado (o viceversa), o presentar a un inversor una invención como si ya fuera una innovación. La distinción dice en qué punto del recorrido se está y qué riesgo queda por eliminar.
¿Una invención que se queda en el laboratorio no vale, entonces, nada?
No es una innovación, pero no vale cero: es conocimiento documentado, eventualmente protegido por propiedad intelectual, que puede venderse, licenciarse o reutilizarse en un proyecto posterior. El capítulo 12 trata este valor residual; lo que la invención por sí sola todavía no ha producido es la adaptación por la que el proceso había empezado, y el valor pleno llega solo con la segunda fase.
¿La destrucción creativa significa que toda innovación perjudica a alguien?
Casi siempre la innovación de éxito sustrae valor a estructuras existentes, pero el saldo del sistema es positivo: el valor creado para los usuarios y los nuevos operadores supera al destruido, y ese es el mecanismo del crecimiento económico según Schumpeter. La consecuencia práctica no es moral sino analítica: quien evalúa un proyecto debe identificar quién perdería valor y estimar su capacidad de reacción, porque el incumbente amenazado es parte del riesgo.
La penicilina necesitó al Estado: ¿significa que el mercado por sí solo no basta?
En aquel caso la fase productiva requería una coordinación y una escala que ningún operador privado habría sostenido por sí solo en aquellos tiempos, y la financiación pública cubrió el tramo que el mercado no cubría. Es una configuración recurrente, no una excepción bélica: el capítulo 09 muestra que la financiación pública de las fases de riesgo alto y apropiabilidad incierta es un componente estructural de la economía de la innovación.
John F. Kennedy, 1962