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VOLCANO
Índice

Entender la innovación · Parte I · Los fundamentos

03 · Generar ideas: creatividad, design thinking y selección

12 min de lectura

En síntesis

  1. Las ideas no nacen de la nada: la investigación muestra que la creatividad es predominantemente recombinación de conocimiento existente, y que las fuentes más productivas son identificables (usuarios, conocimiento importado de otros dominios, portadores del problema).
  2. Los métodos estructurados de ideación funcionan de forma distinta a como los cuenta la cultura empresarial: el brainstorming de grupo, en su forma clásica, produce menos ideas que la suma de los individuos que trabajan por separado; las variantes que separan generación individual y discusión colectiva funcionan mejor.
  3. El design thinking es un método útil cuando el problema se refiere a la experiencia de un usuario y está mal definido; tiene límites documentados cuando la restricción dominante es tecnológica o económica.
  4. En la generación de ideas, la cantidad precede a la calidad: la evidencia sobre los innovation tournaments muestra que el valor está en las colas de la distribución, y a las colas se llega con el volumen.
  5. La selección es tan frágil como la generación: los sesgos documentados (exceso de confianza, confirmación, enamoramiento de la solución) se combaten con criterios explícitos, alternativas comparadas y decisiones motivadas por escrito.

Sección 1

De dónde vienen las ideas

La representación popular de la creatividad como destello individual resiste mal la evidencia. La investigación sobre la generación de ideas converge en una conclusión menos romántica y más útil: las ideas nuevas son, en su inmensa mayoría, recombinaciones de conocimiento existente aplicadas a un contexto al que esa combinación todavía no había llegado. El estudio de Hargadon y Sutton sobre la actividad de IDEO (1997), una de las etnografías más citadas de la disciplina, describe la firma de diseño como un mediador de conocimiento (knowledge broker): su productividad creativa deriva de trabajar simultáneamente para sectores distintos, almacenar soluciones vistas en un dominio y proponerlas de nuevo en otro donde resultan nuevas. La creatividad organizada es sobre todo memoria amplia más transporte entre dominios.

Esta conclusión tiene un corolario importante para quien gestiona procesos de innovación: las fuentes de las ideas son identificables y cultivables, no aleatorias. Tres merecen atención particular.

Los usuarios. La investigación de Eric von Hippel (a partir de The Sources of Innovation, 1988) ha documentado que en muchos sectores una parte relevante de las innovaciones no nace de los productores, sino de los usuarios, y en particular de los usuarios líderes (lead users): sujetos que experimentan hoy necesidades que el mercado general encontrará mañana, y que obtienen un beneficio tan alto de la solución que se la construyen ellos mismos. Instrumentos científicos, equipamiento deportivo, software: los sectores en los que el fenómeno se ha medido son numerosos, y la lección operativa es que buscar a quien ya ha improvisado una solución artesanal al problema es una de las formas más rápidas de encontrar tanto la confirmación del problema como el embrión de la solución.

El conocimiento importado. El mecanismo IDEO: soluciones maduras en un sector son innovaciones radicales en otro. La capacidad de una organización de absorber conocimiento externo, reconocer su valor y aplicarlo (capacidad de absorción, absorptive capacity, Cohen y Levinthal, 1990) depende de la amplitud de su base de conocimiento interna: solo se importa bien lo que se es capaz de entender. Es el argumento estructural a favor de los equipos multidisciplinares, que el capítulo 13 retomará, y de las organizaciones que trabajan en varios sectores a la vez.

Los portadores del problema. El capítulo 02 ha establecido que el problema viene antes que la idea; aquí hay que añadir que el portador del problema es también una fuente de ideas, con una virtud y un defecto simétricos. La virtud: conoce las restricciones reales del proceso mejor que nadie. El defecto: tiende a formular el problema en los términos de las soluciones que ya conoce, pidiendo una versión mejor de lo existente. El trabajo de ideación consiste a menudo en remontar desde la petición formulada hasta el trabajo subyacente, y desde ahí reabrir el espacio de las soluciones.

Sección 2

Los métodos estructurados, y qué dice la evidencia

El brainstorming y su paradoja. El método de grupo codificado por Osborn en los años cincuenta (diferir el juicio, apuntar a la cantidad, construir sobre las ideas ajenas) es el más difundido y el más estudiado, y la evidencia experimental le es en gran parte desfavorable en su forma clásica: la investigación de Diehl y Stroebe (1987) y los metaanálisis posteriores muestran que los grupos en sesión producen menos ideas, y no mejores, que los mismos individuos trabajando por separado (grupos nominales). Las causas identificadas son el bloqueo productivo (en grupo se habla de uno en uno, y las ideas se desvanecen a la espera del turno), la ansiedad de evaluación y el acomodarse en la contribución ajena. Las variantes que funcionan mejor separan las funciones: generación individual por escrito primero, puesta en común y construcción colectiva después (brainwriting y formatos afines). La lección no es que la colaboración sea inútil: es que generación y discusión son actividades distintas, y mezclarlas perjudica a la primera.

TRIZ: la inventiva como repertorio. En el extremo opuesto de la improvisación está la teoría de resolución inventiva de problemas desarrollada por Genrich Altshuller a partir del análisis sistemático de decenas de miles de patentes. La observación de fondo: los problemas técnicos, bajo la superficie del dominio específico, recaen en un número limitado de contradicciones recurrentes (mejorar un parámetro empeorando otro: más resistente pero más pesado, más rápido pero menos preciso), y las soluciones inventivas documentadas en las patentes reutilizan un repertorio finito de principios (segmentación, inversión, acción previa, y así hasta los cuarenta principios canónicos). TRIZ es exigente de aprender y su eficacia depende de la calidad de la aplicación, pero su supuesto es coherente con la sección 1: la inventiva es recombinación disciplinada, y quien conoce el repertorio parte con ventaja sobre quien improvisa.

Los innovation tournaments: el volumen como estrategia. Terwiesch y Ulrich (Innovation Tournaments, 2009) formalizan un punto estadístico con consecuencias operativas directas: el valor de las oportunidades de innovación está distribuido de forma fuertemente asimétrica, con pocas oportunidades excelentes en una cola larga de oportunidades mediocres. Si el valor está en las colas, el proceso racional es un torneo: generar muchas oportunidades a bajo coste, filtrarlas en rondas sucesivas con criterios cada vez más costosos y selectivos, concentrar los recursos en las supervivientes. El diseño del torneo (cuántas ideas en la entrada, cuántos filtros, con qué criterios) se convierte en una variable de gestión medible. El paralelismo con la estructura por fases y decisiones de los procesos de innovación, y con la lógica de cartera del capítulo 08, es evidente: son el mismo principio aplicado a escalas distintas.

Sección 3

El design thinking: qué es, cuándo funciona, dónde se detiene

El design thinking es la codificación, ocurrida entre la d.school de Stanford e IDEO, del método de trabajo de los diseñadores en un proceso enseñable: comprensión empática del usuario (observación sobre el terreno, entrevistas), definición del problema desde el punto de vista del usuario, ideación amplia, prototipado rápido y de baja fidelidad, prueba con usuarios reales, e iteración. El caso divulgativo más conocido sigue siendo el ejercicio del carrito de la compra rediseñado por IDEO en una semana, filmado por la ABC en 1999: no por el carrito en sí, sino porque hace visible el proceso (observación en los supermercados, ideación en volumen, prototipo funcional, prueba sobre el terreno, todo en días).

Los puntos fuertes documentados del método están en su terreno de origen: problemas centrados en la experiencia de un usuario, mal definidos de partida, donde el riesgo principal es resolver brillantemente el problema equivocado. La empatía estructurada reduce ese riesgo; el prototipado rápido compra información a bajo coste, en plena coherencia con la economía de parar pronto vista en el capítulo 02.

Los límites están igualmente documentados, y deben declararse porque el método ha sido objeto de una promoción que ha extendido su aplicación más allá de su dominio de validez. Primero: cuando la restricción dominante es tecnológica o científica (¿el mecanismo funciona? ¿los límites físicos lo permiten?), la empatía con el usuario no responde a la pregunta; hace falta verificación técnica, y el design thinking no la sustituye. Segundo: la deseabilidad no implica la sostenibilidad económica; un prototipo amado en las pruebas puede tener costes unitarios o dinámicas de canal que lo convierten en un mal negocio, y el método no contiene las herramientas para darse cuenta. Tercero: la crítica académica y profesional reciente (recogida por ejemplo en el debate en MIT Technology Review, 2023) documenta implementaciones ritualizadas, reducidas a talleres de notas adhesivas sin continuidad, en los que el método produce teatro de la innovación en lugar de innovación. La síntesis equilibrada: el design thinking es una herramienta para la parte de deseabilidad del riesgo, que debe integrarse con la validación técnica y económica, no un método total.

Sección 4

Seleccionar: los sesgos y sus antídotos

La generación produce opciones; la selección decide adónde va el capital, y es tan frágil como la generación porque los juicios sobre las ideas están sistemáticamente distorsionados. Tres sesgos están documentados con especial robustez en el contexto de la innovación. El exceso de confianza: la calibración entre probabilidad estimada y frecuencia real de éxito es pobre, y empeora precisamente en los proponentes, que son también los más informados. La búsqueda de confirmación: una vez formulada la hipótesis, la investigación posterior busca involuntariamente las evidencias que la sostienen y descuenta las que la amenazan; las entrevistas a clientes potenciales, mal conducidas, son una máquina de confirmación. Y el enamoramiento de la solución, agravado por los costes hundidos: cuanto más se ha invertido en una idea, más parece un despilfarro pararla, mientras que los costes pasados son irrecuperables por definición y la única pregunta racional se refiere al rendimiento del próximo euro.

Los antídotos conocidos son procedimentales, no psicológicos: los sesgos no se eliminan, se construyen procesos que limitan su efecto. Criterios de selección explícitos y fijados antes de examinar las alternativas, porque los criterios decididos después se doblegan ante el candidato preferido. Alternativas comparadas: nunca evaluar una idea sola, porque la comparación obliga a explicitar las dimensiones de mérito; una elección está motivada solo si puede decir a qué se ha preferido. Decisiones escritas, con las razones y las evidencias en el momento de la elección, que hacen posible el aprendizaje retrospectivo honesto (qué sabíamos, qué ponderamos mal). Y la separación de roles entre quien propone y quien decide, que el capítulo 07 reencontrará en la estructura de los procesos por fases: el proponente trae la evidencia, un decisor que no tiene costes hundidos en la idea aplica los criterios.

Cierra el capítulo la distinción que hace de puente hacia los siguientes: una idea seleccionada no es todavía nada más que una hipótesis bien elegida. El paso de idea a concepto (el mecanismo descrito, los límites físicos y económicos verificados al menos sobre el papel, los riesgos nombrados) es el primer acto del desarrollo propiamente dicho, y pertenece al proceso de gestión del riesgo que los capítulos 06 y 07 tratan por extenso.

En el método Volcano

El capítulo cubre la fase F3 del camino (ideación) y explica sus requisitos declarados: alternativas comparadas y elección motivada son exactamente los antídotos procedimentales de la sección 4, y su presencia como condición de cierre de la fase incorpora al método la defensa contra los sesgos de selección. La pregunta que abre la fase ("¿existen vías plausibles, y cuál merece el concepto?") presupone la generación en volumen de la sección 2: una sola vía no es una elección. El paso F3-F4 retoma la distinción final del capítulo: la idea es una hipótesis, el concepto es la idea convertida en mecanismo verificado, y la verificación teórica se declara ciencia plena. Las fuentes de las ideas de la sección 1 corresponden a las puertas del método: el portador del problema (F1), quien trae una idea (valorada del 5 al 10 por ciento del proyecto más licencia), quien trae una tecnología (valorada por el comité y convertida en participación); la red multisectorial de empresas independientes es la estructura que hace posible el transporte de conocimiento entre dominios descrito por Hargadon y Sutton, y el núcleo multidisciplinar es la base de capacidad de absorción que permite reconocer el valor de lo que entra.

Lecturas

Para profundizar

  • A. Hargadon y R.I. Sutton, "Technology Brokering and Innovation in a Product Development Firm" (Administrative Science Quarterly, 1997): la etnografía de IDEO y la teoría del knowledge brokering.
  • E. von Hippel, Democratizing Innovation (2005, disponible gratuitamente en línea por decisión del autor): la síntesis accesible de la investigación sobre los usuarios líderes.
  • C. Terwiesch y K. Ulrich, Innovation Tournaments (2009): la lógica estadística de la generación en volumen y del filtrado progresivo.
  • M. Diehl y W. Stroebe, "Productivity Loss in Brainstorming Groups" (Journal of Personality and Social Psychology, 1987): el estudio que redimensionó el brainstorming clásico; útil leerlo para entender lo sólida que es la evidencia.

Preguntas frecuentes

Preguntas frecuentes

Si la evidencia sobre el brainstorming clásico es tan desfavorable, ¿por qué lo usan todos?

Porque cumple funciones sociales reales (cohesión, sentido de participación, visibilidad de las ideas ante el grupo) y porque su coste aparente es bajo, mientras que la pérdida de productividad es invisible: nadie ve las ideas que el bloqueo productivo ha hecho desvanecerse. La corrección no es abolir el trabajo colectivo, sino secuenciarlo: generación individual por escrito primero, discusión y construcción común después. Se conserva la función social y se recupera el volumen.

¿El design thinking está superado?

No: es una herramienta con un dominio de validez, como todas. Funciona cuando el problema se refiere a la experiencia de un usuario y está mal definido de partida; no responde a las preguntas de viabilidad técnica ni de sostenibilidad económica, y usado solo, o reducido a ritual de taller, produce teatro de la innovación. Integrado con la validación técnica y económica, sigue siendo el mejor método para el componente de deseabilidad del riesgo.

¿Cuántas ideas hacen falta de verdad antes de elegir?

Más de las que el instinto sugiere, porque el valor está en las colas de la distribución y a las colas se llega con el volumen: la lógica del torneo prevé muchas opciones generadas a bajo coste y filtros progresivamente más selectivos y costosos. El número correcto depende del coste de generación y de evaluación, pero la señal de alarma es clara: una sola vía sobre la mesa no es una elección, y una fase de ideación que produce una única alternativa no ha hecho su trabajo.

¿Cómo se evita enamorarse de la propia idea?

No con fuerza de voluntad: los sesgos de confirmación y los costes hundidos actúan también sobre quien los conoce. Los antídotos son procedimentales: criterios de selección fijados antes de examinar los candidatos, alternativas siempre comparadas entre sí, decisiones motivadas por escrito con las evidencias disponibles en el momento, y separación entre quien propone y quien decide. Es la razón por la que un proceso serio trata estos requisitos como condiciones formales de avance, no como buenas prácticas facultativas.

We choose to go to the Moon in this decade and do the other things, not because they are easy, but because they are hard.
John F. Kennedy, 1962
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